Son muchos los mitos desarrollados a lo largo de la historia alrededor de la gestante. Desde la Medicina Hipocrática, con su desarrollo del concepto del “Non Nocere”, ya se promovía la adecuación del medio y verticalidad para perseguir este principio y facilitar el proceso. Fue Sorano de Efeso, quien estableció las bases de la gestación y parto, siendo considerado así como padre de la ginecología en el s. II d.C. Sin embargo, en la edad media ya se describía la atención del parto por una partera y una asistente, la obstetricia entonces estaba en manos de las mujeres, al entenderse entre ellas la mejor comprensión de sus procesos íntimos. Los médicos y el padre del infante no tenían permiso a entrar en la habitación donde se llevara a cabo el parto, aunque si no eran de la nobleza la mujer paría en su jornada en el campo La falta de higiene, hemorragias y otros motivos desconocidos hasta ese momento hacían que la muerte en el parto fuera algo común. Fue Da Vinci quien demuestra en sus ilustraciones del s. XVI su interés por comprender estas muertes, y describe procesos no favorables como placenta previa o posición fetal podálica en la gestante. En el siglo XVII es el rey Luis XIV el que solicita el privilegio de asistir al parto de su querida, cuando hasta el momento no acudían los hombres al parto ni como padres ni como parteros, y para estar cómodo indica que dé a luz tumbada para que pueda verlo bien. El cirujano partero, primer hombre al que se concede esta titulación, describe a partir de entonces la comodidad de la posición tumbada para la intervención del especialista (no demostrada como positiva para la gestante en bibliografía alguna y antigravitatoria para el descenso fetal por canal del parto), además desarrolla un fórceps para acelerar el proceso de expulsión. En el siglo XIX se suma el parto con cloroformos de la innovadora reina Victoria de Inglaterra, que obliga a tumbarse por el riesgo de desmayos. Desde estos hechos en Occidente era un signo de modernidad y civilización llevar a cabo el parto en decúbito supino. Al ver el dificultoso angulo antigravitatorio que en supino el feto tiene que superar para descender por los planos pélvicos, el ginecólogo de origen polaco Kristeller impone su técnica para que en esa postura se haga una asistencia manual de empujar al feto, la idea, no fundamentada, de este procedimiento era fortalecer las contracciones uterinas durante la labor masajeando el útero y presionándolo en el fondo repetidamente, con dirección hacia el canal del parto. La técnica de Kristeller, además de carecer de base científica que apoye su uso y avale su eficacia se instaura junto con el supino como procedimiento. Con ello, se instaura EL PARTO ILÓGICO, siendo antigravitatorio en una parturienta no participativa con una dilatación pasiva – estática y por tanto muy dolorosa y un expulsivo de contracciones ineficaces uterinas al bloquear el fondo uterino mediante el empuje externo al propio útero, musculo expulsor del feto. En el sglo XX al observar que en esta postura hay que distraer del dolor que provoca el descenso antigravitatorio del bebé, se desarrollan técnicas de respiración para distraer de la angustia y métodos de relajación, como es el de Lamaze, que crea un nuevo reflejo condicionado: contracción-relajación, contracción-respiración para distraer de la angustia.

Llama la atención como durante cinco siglos de partos se han desarrollado solo ideas basadas en continuas adaptaciones para restar dificultades al parto en supino, en lugar de estudiar los inconvenientes desde el método científico sanitario, cambiando la base del problema que es la postura. Fue Ferguson el que describe que tanto la posición supina como la aplicación de anestésicos reducen ‘el reflejo de Ferguson’ descrito como el descenso de la cabeza fetal por el canal del parto es más ágil cuando la gravedad potencia que la cabeza fetal estimule el cuello uterino provocando liberación de oxitocina que potencie la contracción de descenso. Desde el CPFCYL desarrollamos un poster resumen de posturas ejemplificantes de dilatación dinámica.

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Con la verticalidad y participación materna se prioriza la agilidad del descenso y la ausencia de compresión de articulaciones endopélvicas para apertura del canal del parto, consiguiendo por ende la reducción del dolor que va en pro de reducción de fatiga materna, contracciones más eficaces que involucran al grupo muscular expulsor en pujos fisio – lógicos y la reducción de secuelas. Así el objetivo del Fisioterapeuta Obstétrico es en primer lugar la preservación del equilibrio físico durante la gestación, la prevención de secuelas mediante la correcta estática pélvica y automatizar las terapias físicas de oxigenación, pujo y posturas adecuadas personalizadas al tipo de presentación fetal, plano de Hodge según tipo de pelvis y condición física materna para llevar a cabo un eficaz PARTO FISIO-LÓGICO apoyado en bases científicas gravitatorias, así como bases físicas de la biomecánicas de la pelvis y dinámica de presiones.

Marta Jerez Sainz
Fisioterapeuta Col. 5350
Especialista en Pelviperineología
Directora Docente IRU

Bibliografía:

  • Escritos Hipocráticos: Escritos ginecológicos, obstétricos y pediátricos
  • Biblioteca Leonardo Da Vinci. Vida y obra.
  • El parto en la especie humana. Jose F. Fernandez Godoy
  • Fisioterapia En Obstetricia Y Uroginecología. Carolina Walker Chao
  • El Periné Femenino Y El Parto. Blandine Calais-Germain
  • Parir en movimiento. Blandine Calais-Germain; Nuria Vives Parés
  • Guía de masaje para terapeutas manuales: Lumbalgia y Dolor Pélvico. Leon Chaitow
  • Afecciones Medico-quirúrgicas para fisioterapeutas. Jesús Seco Calvo
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